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osorno

Tuesday, November 8, 2011

Punta de Choros: La economía por sobre el patrimonio natural.


Hoy retrocedimos en esta misión de conservar nuestro patrimonio natural con la fatal decisión de la Comisión Regional de Medioambiente (Corema) de Coquimbo que aprobó la instalación de dos plantas a carbón en Punta Choros enmarcadas en el proyecto termoeléctrico Barrancones de la multinacional Suez Energy.
El resultado de la votación, que se aprobó con 15 votos a favor y 4 en contra, da luz verde para la instalación de la planta a carbón en La Higuera, a unos 25 kilómetros de la Reserva Marina Islas Choros-Damas y la Reserva Nacional de Pingüino de Humboldt. En ellas habita una gran variedad de fauna, entre las que destaca el Pingüino de Humboldt, endémica de la corriente que le da el nombre y que nidifica en estas islas. También existe una importante colonia de lobos marinos, chungungos, pingüinos magallánicos, yacas y delfines nariz de botella. Nuestro patrimonio nacional.
¿Pero de qué sirvieron las 27 mil firmas en todo el mundo que se reunieron para impedir la construcción termoeléctrica? ¿Para qué sirven las campañas en las redes sociales como Twitter y Facebook? ¿Para qué sirve la adhesión de líderes de opinión que se oponen a este proyecto en el video www.salvemospuntadechoros.org? Por lo visto de nada.
Más aún si estas iniciativas constituyen un insulto para la autoridad medioambiental, como lo fue para Pamela Pizarro, evaluadora de la Conama quien afirmó “…andar perseguida, juntaron 27 mil firmas en todo el mundo, me apesté de estos hippies de mierda…”. ¡Respeto por favor señores!
Fernando Dougnac, presidente de la Fiscalía de Medio Ambiente , señala que la participación ciudadana es fundamental y legal en Chile. “Hay una jurisprudencia de la Corte Suprema que dice que en definitiva cualquier persona puede reclamar ante las infracciones contra el medioambiente porque el medioambiente es patrimonio de todos y todos tenemos derecho a velar para que este se conserve. La ley establece diversos criterios para aprobar o no un proyecto eléctrico. Los principales son la afectación en la salud o bienestar de las personas, otro es el efecto reversible o irreversible sobre los componentes medioambientales como agua, tierra, aire, etc. Para eso los servicios públicos deben hacer preguntas a los ciudadanos sobre estos aspectos”.
Las implicancias de una termoeléctrica en la salud de las personas tiene fundamentos científicos. Hace uno meses estuvo en el país el neurólogo estadounidense Alan Lockwood, Premio Nobel de la Paz, para compartir el informe “Impactos del carbón sobre la salud humana” sobre las graves consecuencias producidas por las emisiones provenientes de la quema de carbón. Este indica que los contaminantes afectan a los principales sistemas de órganos del cuerpo y contribuyen a cuatro de las cinco principales causas de mortalidad en EEUU.
Todos sabemos que nuestro país necesita ampliar y diversificar su matriz energética por la cada vez mayor demanda de ésta. No obstante, todo indica que la economía, los inversionistas extranjeros y el desarrollo de un país será a costa de sacrificar lo único que nos queda: los recursos naturales.
¿Qué hacer entonces para combinar las dos necesidades? Según Francisco Aguirre, ingeniero electricista y director de la empresa Electroconsultores, a quien entrevisté en mi programa Tecnociencia de Cooperativa, “la dependencia sólo de hidroeléctricas es muy inestable porque se agota el recurso hídrico cuando hay sequía, y al no haber agua no hay electricidad. Eso exige que la componente termoeléctrica en un sistema eléctrico tenga que tener mayor proporción y particularmente en Chile la adquirió fuertemente cuando importamos gas a Argentina. La matriz del país se convirtió en un 60 por ciento hidroeléctricas y 40 por ciento termoeléctricas en la zona central con el SIC. A diferencia del Norte donde hay escasez de agua y el 99 por ciento de la matriz está basada en termoeléctricas. Hacia el futuro vamos a integrar energías renovables no convencionales, lo que no es un reemplazo absoluto de las energías comerciales, sino que es un complemento, como es la energía geotérmica y la solar”.
Aguirre da un claro ejemplo respecto a esto: “Si pudiéramos adquirir energía en los supermercados pre pagada entre una tarjeta roja (termoeléctrica sucia), una amarilla (tecnología intermedia) o una tarjeta verde (una tecnología muy limpia). Hoy con la conciencia ecológica muchos optarían por la verde. Pero si nos preguntan el precio nos dirían: por la tarjeta roja tiene que pagar una suma de 100 pesos, por la amarilla 120 y por la verde 200. ¿Entonces, cuál elegiría? Yo creo que la mayoría de la gente optaría por la amarilla por un tema de racionamiento económico y otros sin duda la roja. En cambio en una comuna pobre la mayoría de las personas optarían por la roja porque es mucho más económica, tomando en cuenta que de la matriz que venga la energía ésta es la misma”.
Yo optaría por la verde, aunque fuera una  inversión mayor.
¿Pero por qué se sigue optando por la construcción de las termoeléctricas si el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de la ONU (IPCC) avala que las emisiones contaminantes son perjudiciales para la salud, son los principales emisores de los gases de efectos invernadero y por lo tanto inciden en el calentamiento global y el cambio climático?
Aguirre señala que “Acá hay un tema económico. Uno tiene que preguntarse porque desarrollamos lo que estamos desarrollando. Las decisiones de inversión que se tomaron en los últimos años fueron proclives hacia el carbón porque habíamos perdido el gas natural barato, necesitábamos reemplazar eso porque les pusieron el freno a las hidroeléctricas. La gente no quiere que desarrollemos estas alternativas tradicionales y baratas y nos quiere llevar a un extremo de energías renovables, llevándonos a un desequilibrio que es necesario corregir”.
Y agrega: “Una máquina eólica es muy parecida a una máquina central tradicional, más pequeña, pero hay que construirla en un poste a 150 metros de altura y resulta que el viento yo no lo tengo disponible todos los días y la máquina eólica se desarrolla para una rendición de un 30 y 40 por ciento y es mucho más cara que la construcción de una termoeléctrica. Además una central termoeléctrica tiene tecnología de punta por la cual no contamina tanto a través de los sistemas de abatimiento”.
Por lo visto y expuesto seguiremos contra la espada y la pared. ¿Preservar el medioambiente? ¿Optar por la ampliación de la matriz energética? ¿Seguir luchando como ciudadanos para un fin ecológico? Al parecer los dados están tirados… y lamentablemente los ciudadanos en la lucha por impedir las construcciones de grandes centrales “no tendremos pito que tocar”. 


CATALINA URRUTIA

1 comment:

  1. La verdad es que encuentro que este tema es bastante preocupante ya que las plantas termoeléctricas no solo producen daño a la naturaleza (+ de 800 especies que habitan ese lugar), sino que también al hombre. No entiendo como es posible que nos destruyamos a nosotros mismos. Y aunque claramente necesitamos energía eléctrica, deberíamos esforzarnos en encontrar maneras de obtenerla sin destruir nuestros recursos naturales.

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